El maestro gusta de dar largos paseos, disfruta de ellos junto a alguno de sus discípulos durante varios días. John, aprendiz en el monasterio, se sorprende cuando el maestro lo elige para una larga travesía de 7 días. Es primavera, los árboles florecen, sale el sol, comienzan a caminar.

El sexto día de viaje, ya de regreso, encuentran a una familia y les piden cobijo y comida. Estas personas son muy pobres, pero comparten con los monjes lo poco que tienen. El discípulo, sorprendido por la precariedad de sus vidas, pregunta a sus anfitriones sobre su manera de vivir. “Sobrevivimos gracias a Berta, nuestra vaca, obtenemos leche y fabricamos queso, mantequilla, nos da calor por las noches… dependemos de ella”. Explico Mar, la hija mayor de la familia

Amanece y retornan su camino temprano, pasados unos minutos ven a Berta pastando junto a un barranco. “John, acércate a la vaca y empújala por el abismo ahora que nadie te ve”, espeta el maestro, el joven responde contrariado, “Lo que me pide es cruel, mataré su sustento, su forma de vida, esta familia ha compartido con nosotros lo poco que…”,”¡obedece! ¡mátala ya! “, grita el maestro con vehemencia.

Ya en el monasterio John degusta los escasos granos de arroz en su cuenco, divagando. Qué generosos fueron y yo les he privado de sustento. ¿Cómo van a sobrevivir? ¿Qué será de Mar?

Vuelve la primavera, las flores, el buen tiempo. El maestro sigue con sus rutinas. “Discípulo, hace un año que no paseamos, prepárate, mañana partimos”.

El viaje comienza temprano y transcurre en silencio durante horas, alejados del monasterio John inicia la conversación que lleva meses preparando. “Maestro, hace un año usted me hizo cometer una atrocidad, y me siento en…”. Es interrumpido por su mentor. “Hemos llegado. Siéntate, calla y observa”. John, frustrado y obediente se sienta, observa el paisaje y ve una bonita casa y a unas personas trabajando en la cosecha, un establo con ganado y a una bella y joven mujer que se aproxima. El maestro continúa. “La pasada primavera mataste a una bestia y crees haber condenado a una familia, ahora estamos en el mismo sitio y puedes ver como esta familia ha prosperado. Ya no sobreviven, ahora viven, tienen un hogar más grande, cultivan y emplean a gente que trabaja sus tierras, tienen dinero y ganado. Dependían de un animal y no veían más allá de él, se habían acomodado en su pobreza. Empujamos a Berta y pudieron ver las tierras, el río..”.

El discípulo toca el brazo de su maestro, vuelve el silencio, no hacen falta explicaciones. John reconoce a la mujer que se acerca, ahora comprende, ahora aprende.

Salir de la zona de confort.

Esta historia llegó a mí hace unos 10 años, leyendo un libro sobre meditación. No la recordaba bien y me he tomado ciertas concesiones creativas a la hora de reproducirla, aunque lo relevante permanece.

Nos aferramos a nuestra zona de confort y no vemos más allá de nuestra rutina diaria. Tenemos mucho potencial y somos nosotros, nuestra visión del entorno, lo que nos limita. Curemos nuestra miopía, rompamos nuestros paradigmas, los malos, los que nos limitan y seamos valientes. Hay que ser muy valiente.

Hoy más que nunca (Aunque algunos cínicos lo niegan a gritos) tenemos miles de oportunidades por delante y con trabajo duro, humildad, constancia y paciencia podemos conseguir casi todo lo que nos propongamos.

Seguramente no tengas la suerte de que alguien te tire la vaca por un barranco… Por cierto, ¿Has identificado ya cuál es tu vaca? Bien, ahora viene lo difícil…

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